Reflexiones de Ayya Khema

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Ayya Khema nació en Berlín en 1923 de padres judíos. En 1938 escapó de Alemania con otros doscientos niños y fue llevada a Escocia. Sus padres fueron a China y, dos años después, Ayya Khema se unió a ellos en Shanghai. En 1944, sin embargo, su familia fue recluida en un campo de concentración japonés donde su padre murió.

Cuatro años después de la liberación estadounidense del campo, Ayya Khema pudo emigrar a América, donde se casó y tuvo un hijo y una hija. Entre 1960 y 1964 viajó con su esposo y su hijo por Asia, incluyendo los países del Himalaya, y fue en este momento que entró en contacto con la meditación. Diez años más tarde comenzó a enseñar meditación por toda Europa, América y Australia. Sus experiencias la llevaron a ser ordenada como monja budista en Sri Lanka en 1979.

Estableció Wat Buddha Dhamma, un monasterio forestal de la tradición Theravada, cerca de Sydney, Australia, en 1978. En Colombo estableció el Centro Internacional de Mujeres Budistas. Fue la directora espiritual de Buda-Haus en Alemania, establecida en 1989 bajo sus auspicios. En 1997 también fundó Metta Vihara, un próspero monasterio no lejos de Buddha Haus.

En 1987, coordinó la primera conferencia internacional de monjas budistas en la historia del budismo, que dio lugar a la creación de Sakyadhita, una organización de mujeres budistas de todo el mundo. El Dalai Lama fue el orador principal en la conferencia. En Mayo de 1987, como conferenciante invitada, fue la primera mujer budista en haberse dirigido a las Naciones Unidas en Nueva York.

Escribió más de dos docenas de libros sobre la meditación y la enseñanza del Buda en inglés y alemán, entre los que destacan: Siendo nadie, yendo a ninguna parte, Quién es mi yo o La isla interior: el refugio más pequeño.

Los textos que a continuación os comparto han sido tomados del libro ‘Siendo nadie, yendo a ninguna parte‘, publicado en 1987 en su versión inglesa y que es una excelente síntesis de los principios de la filosofía budista con un lenguaje muy cercano y comprensible a un público no familiarizado con la materia.

Espero que os resulte interesante.

VIVIR AQUÍ Y AHORA

Una de nuestras humanas contradicciones es el hecho de estar pensando constantemente en el futuro o en el pasado. Los jóvenes piensan en el futuro porque tienen más. Los más viejos piensan en el pasado porque tienen más. Pero para experimentar la vida hemos de vivir cada momento. La vida no ha sucedido en el pasado. Eso es recuerdo. La vida no va a suceder en el futuro. Eso es planificación. El único tiempo en el que podemos vivir es ahora, este momento, y pese a parecer absurdo, tenemos que aprender a hacerlo. Como seres humanos con un promedio de vida de sesenta, setenta u ochenta años, hemos de aprender a experimentar el vivir exactamente en el presente. Cuando lo hayamos conseguido, habremos eliminado muchos de nuestros problemas.

 

LOS CONCEPTOS Y LA EXPERIENCIA

Las palabras son peligrosas. Producen la ilusión de algo permanente. Nos alimentamos de palabras que no son sino conceptos. Carecen de realidad. Imaginad un río. La palabra «río» no puede expresar la realidad del agua fluida. El amor incondicional no puede existir si no fluye del corazón. Mientras está incrustado en una palabra no es nada, carece de valor. No significa nada por sí mismo, del mismo modo que la palabra «río» es sólo una descripción que hay que experimentar para conocer. Si le decimos a un niño pequeño «río», no puede saber de qué hablamos. Pero si metemos su mano en el agua y dejamos que sienta la corriente, ya sabe entonces lo que un río es, conozca o no la palabra.

 

LA VIDA COMO APRENDIZAJE CONTINUO

Hay mucho que aprender en este mundo y ése es su objetivo. El mundo humano se proyectó para ser una continua clase de educación para adultos. No con el objeto de encontrar bienestar, ni para obtener riquezas, fortuna, posesiones. Ni para ser famoso o cambiar el mundo. La gente tiene muchas ideas. La vida es estrictamente una clase de educación para adultos y su lección más importante es cultivar y hacer crecer el corazón. No hay lección más importante. Es igual que un jardín, cuando las malas hierbas rodean un rosal. En primer lugar le quitan su nutrición y no puede florecer. Luego nadie puede disfrutar de las flores ni de su fragancia. Finalmente las malas hierbas asfixian las rosas. Lo mismo ocurre en nuestro corazón. El rosal es el amor que crece allí. Si no cortamos las malas hierbas, y nos aseguramos de que las flores se vean y se perciba su fragancia –si no reducimos las malas hierbas a un tamaño manejable, sino que las dejamos crecer-, con el tiempo asfixiarán totalmente el amor incondicional. Las malas hierbas son la cólera y las emociones asociadas a ella.

 

EL MITO DE LA SEGURIDAD

[…] la seguridad que todos buscamos es un mito. Es una ilusión. La seguridad no existe. Todos estamos destinados a morir. Todo lo que tenemos está destinado a la destrucción. Cada persona que amamos está destinada a morir, a decaer, a enfermar, a desaparecer, a cambiar de opinión. No hay nada seguro en todo eso. La falta de ecuanimidad, que surge cuando ocurren las cosas que no nos gustan, está basada en la ilusión de haber perdido algo verdaderamente importante para nuestro bienestar. Esto se refiere a la protección de nuestro ego. Pero hasta nuestro bienestar es una ilusión, porque no hay nada que nos pueda dar una salud completa y una seguridad permanente.

 

EL FLUJO DE LA VIDA

[…] ¿Puede alguien acordarse de lo que estaba pensando hace diez minutos? ¿En la última meditación? ¿Y en la anterior a ésta? Nadie. No podemos retener los pensamientos, no podemos retener nada. Todo es momentáneo. El que hayamos tenido los últimos treinta años una persona cerca o una casa, no significa que podamos retenerlas. Como han estado con nosotros tanto tiempo, parecen permanentes. Pero en la meditación podremos notar fácilmente cómo nuestros pensamientos van y vienen y no se quedan nunca con nosotros. ¿De qué hemos de preocuparnos si todo se mueve, si todo desaparece? Un flujo constante, un reflujo constante.

El ser humano sólo existe cuando esto ocurre. Mientras se mueva la respiración, lata la sangre, cambien los pensamientos y las emociones, mientras decaigan las células del cuerpo, sólo mientras esto ocurra tendremos un ser humano. Cuando cese, tendremos un cadáver. Sin este flujo y reflujo no estaríamos aquí, y sin embargo tratamos de hacer fijo ese flujo y reflujo. Tratamos de hacerlo sólido. «Éste soy yo, y quiero estar seguro de que todos saben que éste soy yo. Tengo un nombre y hay ciertas personas y posesiones que me pertenecen. Tengo puntos de vista y quiero estar seguro de que todo el mundo los conoce». Esto es tratar de infundir permanencia a la persona porque se está transformando continuamente, y al final se transformará en un cadáver. Entonces podemos comenzar otra vez.

 

LA ACEPTACIÓN

Mientras no haya aceptación, hay sufrimiento, porque éste implica resistencia. Lo opuesto a la aceptación es la resistencia, y la resistencia hiere. Si empujamos contra algo, nos hiere la mano. Si no nos oponemos a ello, no hace ningún daño. Aceptar las cosas como son nos trae la ecuanimidad, y la ecuanimidad nos trae seguridad al corazón.

 

LA NOBLE CONVERSACIÓN

No tomamos veneno. No queremos llenar nuestro cuerpo de comida inmunda. Por la misma razón no deberíamos llenar nuestras mentes de conversaciones inmundas o incluso conversaciones venenosas. La mente debería estar siempre llena de conversaciones sobre el dhamma, una conversación virtuosa, la conversación que inspire, la conversación que ayude, la conversación que tranquilice, calme y cure y que, sobre todo, nos ayude a encontrar el camino para escapar de los problemas que acosan a todo ser humano.

 

LA AMISTAD

Si tenemos la buena suerte de tener un amigo noble, con el que podemos mantener una conversación noble, el modo de corresponder a ese regalo es siendo un amigo noble de otros. Los amigos nobles son como una reacción en cadena. No sólo necesitamos buscar uno. También podemos ser uno.

 

CAMBIARNOS A NOSOTROS MISMOS

El único modo de encontrar la paz en nuestro corazón, de encontrar el camino que conduce a la liberación, es el de cambiarnos a nosotros mismos y no el de cambiar el mundo. No hay nada que cambiar allí fuera. Todos han de cambiarse a sí mismos. El Buda no cambió a la gente deliberadamente. Le enseñó cómo hacerlo por sí misma.

 

EL OBJETIVO DE LA MEDITACIÓN

La meditación tiene un único objetivo, exactamente preparar la mente para que abandone todo el sufrimiento, prepararla para la liberación. Es un medio para un fin y no para conseguir experiencias placenteras. Éstas surgen y ¿por qué no? Estemos agradecidos, muy agradecidos de que surjan y nos den el ímpetu para continuar. Pero si no se presentan, tampoco importa. La mente debe entrenarse por medio de la meditación para liberarse.

 

LA ANSIEDAD

La ansiedad acosa a mucha gente y alborota la mente. Nos saca del momento presente que es el único que podemos vivir. Todos los momentos empleados en preocuparse son momentos perdidos. Estamos perdiéndonos la vida si no vivimos cada momento presente. Cuando pensamos en el pasado y nos preocupamos del futuro no estamos viviendo. Estamos recordando y proyectando. Eso no es la vida. La vida no se puede pensar, tiene que experimentarse. Sólo así puede significar algo la vida, y la experiencia sólo puede surgir en cada instante. Es ésta una de las artes que enseña la meditación, vivir en el momento presente, lo que equivale a vivir por entero. […] Reconoced la inquietud que aparece en la mente y en todo nuestro ser cuando tenemos pensamientos inútiles intranquilizantes, turbulentos, desmañados y que nos distraen. Éstos no dan satisfacción ni alegría, todo lo contrario. Nos vuelven ansiosos e inseguros. Reconoced esta inquietud y comprended que nadie en el mundo puede hacernos sentir a gusto excepto nosotros mismos. Nadie puede hacerlo. Ni el Buda, ni sus discípulos iluminados, ni el Canon Pali, ni nuestros padres, maestros o amigos. Hemos de hacerlo nosotros mismos. Hasta que no logremos que nuestra mente se sienta a gusto y alegre, no ocurrirá.

 

RENACEMOS CADA DÍA

[…] todos renacemos a cada instante. Pocos tienen la capacidad y la atención para darse cuenta de ello. Pero podemos darnos cuenta de que cada mañana renacemos. No es muy difícil. El día ha terminado y cae la noche. El cuerpo y la mente están «mortalmente» cansados y nos dormimos. Por la mañana hay un nuevo despertar, como un nuevo nacimiento. Otra vez la luz. El cuerpo y la mente están frescos y jóvenes otra vez y tenemos todo el día a nuestra disposición para usarlo lo mejor posible, como si se tratara de una nueva vida. Veamos cada mañana como un renacimiento y quizás entendamos que sólo existe este día. Quizá tengamos también la idea de usar cada día con la mayor ventaja posible. Eso significa crecer: crecimiento espiritual, mental, emocional. No significa correr de un lado a otro y hacer tantas cosas como podamos.

 

LA PROPIA INDEPENDENCIA

Debemos tener habilidades y no depender de otros sino contar con nosotros mismos. La independencia produce confianza en uno mismo y la confianza en uno mismo produce una sensación de seguridad. Sólo podemos amar cuando nos sentimos seguros. Mientras no seamos independientes de otros, de su ayuda, asistencia y benevolencia para sobrevivir y realizar las tareas diarias más necesarias, tendremos mucho miedo de que nos puedan abandonar. El miedo no puede dar sosiego. Todos dependemos unos de otros, pero el miedo a ser abandonados o no ser capaces de cuidar de nosotros mismos es algo completamente distinto. Puede llegar a ser tan pavoroso como para acatar condiciones indignas sólo para que las cosas continúen como están porque nos sentimos muy inseguros. Esto no conduce al sosiego.

 

DESAPEGARNOS DE LAS PERSONAS

Todo aquello a lo que nos aferramos es un estorbo, un obstáculo. […] Generalmente nos aferramos a otra gente y necesitamos renunciar a eso. No significa deshacernos de la gente. Significa deshacernos de nuestra pegajosa actitud hacia ellos, que es el mayor obstáculo. […] Podemos permanecer en la misma casa, llevar la misma ropa, tener el mismo aspecto y, sin embargo, haber renunciado a algunos de nuestros mayores apegos. No significa que ya no queramos a nuestra familia. Por el contrario, el amor sin dependencia es la única clase de amor que carece de miedo y por lo tanto es puro. El amor con dependencia es un estorbo. […] El amor real es amor sin dependencia, es dar sin expectativas, es «estar al lado de…» en vez de «apoyarse en…».

 

SOBRE EL AUTOCONOCIMIENTO

Para conocernos a nosotros mismos hemos de investigar profundidades desconocidas. Tenemos muchas hendiduras ocultas en nuestro interior. No nos gusta mirar porque nos encontramos con aspectos nuestros poco agradables. Pero por eso somos seres humanos, de otro modo habríamos ido a parar al reino de los devas*. También deberíamos reconocer nuestros errores. Sólo podemos limpiar aquello que hemos sacado a la luz para mirarlo. A menos que quitemos la alfombra no podremos limpiar la suciedad que tiene debajo.

 

 

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