Qué he aprendido del ‘fracaso’ (2ª parte)

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¿Qué me ha enseñado el fracaso?

En el anterior artículo del Blog: Por qué es bueno fracasar,  mencionaba que en 2014 me arruiné. Sí, mi negocio iba viento en popa, la rueda giraba y giraba y parecía que nunca podría detenerse. Después de 3 años de crecimiento espectacular tras unos comienzos difíciles parecíamos haber entrado en una especie de burbuja de crecimiento atemporal que en realidad era un espejismo. Nos habíamos acomodado, nos habíamos instalado en un confort que nos hizo perder reflejos y que nos llevó a pensar que ya estaba todo hecho, que todo lo que vendría era terreno plano y que cosecharíamos éxito tras éxito con suma facilidad. Pero no fue así.

Nos embarcamos en un proyecto muy grande, invertimos una gran cantidad de energía y de recursos, movidos en parte por el ego no calibramos bien las consecuencias de un proyecto que si bien a corto plazo fue un pelotazo, a medio plazo supuso en realidad la ruina. Una ruina que si bien en un primer momento nos dio un golpe casi mortal después se ha revelado como la mayor de las bendiciones porque sin esa necesaria experiencia de aprendizaje no estaríamos ahora donde estamos, embarcados en proyectos con mucho más significado, aportando mucho más valor a nuestros clientes y disfrutando de nuestra labor como nunca lo habíamos hecho antes o tal vez sí, cuando empezamos, cuando no había tantas expectativas y sí mucha ilusión y amor por lo que hacíamos.

Ese golpe, en realidad, nos hizo despertar y nos llevó a hacer ajustes en nuestra manera de observar el mundo, en nuestra manera de entender el proyecto e inevitablemente a expandirnos en todos los ámbitos de nuestra vida. No puedo decir que fracasamos, no puedo hablar de fracaso, las decisiones que tomamos debíamos tomarlas, sentíamos que debíamos tomarlas, aunque fuera desde el ego, porque lo que ocurrió después formaba parte de nuestro propio camino de evolución, de crecimiento y expansión. ¿Cómo hablar de fracaso cuando siento que a partir de esa experiencia he crecido en todos los ámbitos de mi vida? ¿Cómo hablar de fracaso cuando con una amplitud mayor de miras veo que he recuperado el verdadero sentido de mi trabajo? ¿Cómo hablar de fracaso cuando a partir de ese momento sentí coger las riendas de mi proyecto sin ser esclavo del mismo? Ahora siento que todo ocurrió como debía ocurrir para poder dar un salto cualitativo como persona y como profesional. No hay fracaso, y tampoco éxito, solamente experiencias de aprendizaje.

Si me quedo con algunos de esos aprendizajes elegiría los siguientes:

1Cuando las cosas van bien no hay que acomodarse, hay que seguir buscando, indagando, investigando y creando. Cuando las cosas se tuercen tampoco hay que acomodarse en el lamento o en el victimismo, hay que levantarse y continuar buscando, indagando, investigando y creando. La vida, como los negocios, son un flujo de energía constante, si niegas ese dinamismo inherente a la existencia estás en realidad caminando en dirección contraria a la misma y ella, más sabia, tarde o temprano te lo mostrará.

2Volver a la esencia del por qué y para qué hacemos lo que hacemos. No solamente trabajamos para obtener reconocimiento, aprobación y adquirir un estatus, eso está muy bien, pero es humo, puro y duro. Lo hacemos en realidad porque sentimos que aportamos algo al mundo, que ayudamos de algún modo a mejorarlo y a transformarlo positivamente desde nuestro pequeño ámbito de actuación. Porque amamos lo que hacemos y así lo trasladamos a nuestras acciones. Por tanto, volver a la esencia de esa visión inspiradora que nos hace sentir conectados a nosotros mismos y a lo que nos rodea y que otorga un significado profundo a nuestro día a día. Yo, ahora, no escribo y edito libros, sino que contribuyo a transformar el mundo en un lugar mejor y ayudo a otras personas a cumplir sus sueños, al menos eso es lo que intento y la motivación que me mueve. Las cosas irán ‘mejor’ o ‘peor’ pero sea como sea ¿acaso puedo sentirme fracasado cuando lo que me impulsa es el amor aunque no se concreten mis objetivos al primer intento o tal como los había proyectado en un comienzo? Creo que no.

3Divertirse, disfrutar, pasárselo en grande. ¿Acaso me he embarcado en un proyecto como el que dirijo para estar siempre preocupado por las facturas que pagar, para vivir esclavizado en busca de prestigio y reconocimiento, para vivir constantemente atenazado por el miedo a perder lo conseguido? ¡Qué estrés y qué desgaste de energía! Ya lo he vivido y es como vivir enjaulado. Respeto demasiado mi trabajo, me apasiona y amo profundamente mi trabajo y por ello ya no concibo hacerlo sin esa actitud de gozo, de disfrute, de predisposición a la alegría. Cuando llegan a mí nuevos proyectos me pregunto ¿voy a disfrutar del proceso? ¿Puedo aportar valor a ese proyecto desde mi experiencia y mi creatividad? ¿Voy a crecer con este proyecto y puedo ayudar a crecer a otros con él? ¿Sí? Pues adelante. Probablemente hay proyectos a priori mucho más rentables, pero tengo muy claro que disfrutar haciendo algo en lo que creo profundamente tal vez no me dé una rentabilidad a corto plazo pero estoy convencido que la abundancia llegará a mí de otras muchas maneras, creo ciegamente en esto porque lo vivo a diario. La abundancia me alcanza no solamente en términos económicos sino que lo hace en forma de amistades, contactos interesantes, puertas que se abren nunca imaginadas, generosidad de los demás para conmigo, lealtad y confianza en mi persona. En definitiva, riquezas que no se podrían cuantificar jamás en términos materiales. Ese es mi leitmotiv, disfrutar aportando valor a mi vida y a la de los demás.

4-De un proyecto que hace aguas, nace un universo de posibilidades cuando recibimos las circunstancias con la suficiente apertura mental. Cuando estás embarcado en un proyecto con un modelo de crecimiento insostenible, cuando vives lleno de preocupaciones y miedos en una rueda de estrés y de tensión, cuando diriges tu mirada hacia el exterior y pierdes la perspectiva de lo verdaderamente importante, es cuestión de tiempo pegarse un buen batacazo. Así ocurrió y doy gracias por ello. Porque ahora caminamos hacia un modelo de negocio más racional, más sostenible, más humano, y mucho más rico porque hemos incorporado nuevas ideas, nuevas líneas de negocio, nuevas formas de gestión más flexibles, somos más eficientes y algo que es básico en cualquier proyecto, sabemos hacia dónde queremos ir y sabemos qué queremos aportar a este mundo, más allá de nuestro ego, más allá de nuestro insignificante falso yo. De ese momento crítico nacieron proyectos con alma que se están concretando ahora y que me llenan de una satisfacción profunda. Entonces, ¿puedo hablar de fracaso si solamente valoro un instante puntual del proyecto? Sí, claro. Pero ¿puedo hacerlo cuando viendo todo el recorrido completo me doy cuenta de todo lo aprendido y todo lo que he avanzado a nivel personal  y profesional? Está claro que no.

5Cuando la vida te pone en aprietos hay que dar un paso adelante. Si una cosa aprendí en esos momentos críticos es que si quería dar un salto adelante y reflotar mi negocio debía enfrentar mis miedos más profundos, aquellos que más limitaciones me imponían y que no solamente me sometían a un estrés agobiante sino que no me permitían desplegarme y crecer como profesional. Miedos, estos, alimentados por creencias profundamente arraigadas que cuestionaban mi valía, mis capacidades, y que me llevaban a conductas evitativas que acababan minando mi autoestima, mi confianza y mi sensación de capacidad para afrontar nuevos retos. Me escondía, me escudaba, para no exponerme, para no mostrarme ante los demás y al hacerlo no solamente evitaba mi crecimiento sino que estaba también negando a los demás la posibilidad de entregarles toda mi luz y valor como persona. Al trabajar todos estos aspectos y equilibrarlos reuní suficiente coraje para dar ese gran salto que solamente me ha aportado satisfacciones, aprendizaje, y descubrirme haciendo cosas increíbles que jamás hubiera pensado ser capaz de hacer. Ahora mis miedos me acompañan, son mis compañeros de viaje, dialogo con ellos, les doy espacio para que sean, pero ya no son ese muro infranqueable que eran. Ahora los escucho y son una brújula que me indica hacia dónde debo dirigirme para avanzar y crecer. Y desde ese espacio de aceptación de mis sombras, desde ese coraje que me ha ayudado a rebasar límites puedo decir que los resultados a nivel profesional han acabado llegando y mi proyecto no solamente sigue vivo, sino que goza de una buena salud, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer.

6-No hay que dar nada por supuesto, la seguridad total no existe. Aprender a convivir sana y pacíficamente con la incertidumbre no solamente me ha hecho más resiliente, sino que me ha ayudado a vivir más serenamente. No hay nada seguro allá fuera, solamente podemos conquistar un espacio de seguridad personal trabajando sobre nosotros mismos que nos dote de fuerza y de poder cuando el camino deviene abrupto y acechan las tempestades. La incertidumbre es y será, porque la vida es así. Vivimos buscando seguridad pero lo hacemos en el lugar equivocado, la seguridad solamente puede existir en nuestro interior cuando comenzamos a trabajar sobre la raíz de la que hablaba en Por qué es bueno fracasar. Es ahí donde radica la clave y donde comenzamos a afianzar la creencia de que no importan las circunstancias que vengan del afuera. Por difíciles que se pongan las cosas sabremos valorarnos y reconocernos dignos de ser en todo momento, aun cuando nos sintamos perdidos, atemorizados o bloqueados. Seremos como el junco, el viento podrá tambalearnos pero en ningún caso podrá arrancarnos de la tierra.

7Ser fiel a mis valores, pase lo que pase. Mis valores son mi brújula, mi timón, y no actuar en coherencia con ellos me produce un gran malestar. A veces, actuamos motivados por los valores de otras personas que han tenido una gran influencia en nuestras vidas, o por un sistema de valores que ha quedado obsoleto con el paso del tiempo, o renunciamos a los mismos porque entran en contradicción con las expectativas que otros tienen, nuestra pareja, nuestros amigos, la empresa en la que trabajamos. Queremos sentirnos queridos, valorados, deseamos reconocimiento y no sentirnos solos o apartados e inconscientemente abandonamos la dirección que nos marca nuestra brújula interior. Tarde o temprano, desconectados de un sistema propio de valores en coherencia con lo que deseamos y sentimos íntimamente que queremos para nuestra vida, nos alejamos de nosotros mismos hasta no reconocernos cuando nos miramos en el espejo. Eso me pasó a mí, tanto en mi trabajo como en mi relación de pareja. La incoherencia era tal y la distancia tan grande entre mis valores y mi manera de actuar que acabé siendo un total desconocido para mí. Es una sensación tan desagradable y descorazonadora que no la recomiendo. O sí, si eso nos empuja a volver al camino. El caso es que una de las primeras cosas en las que trabajé tras el derrumbe fue en clarificar los valores que quería que rigieran mi vida, los valores por los que deseaba también que las personas me reconocieran. A continuación enumero unos cuantos, no necesariamente por ese orden de importancia: Libertad, honestidad conmigo mismo y con los demás, bondad, servir y ser útil a los demás, independencia y autosuficiencia, solidaridad, amistad, disfrutar de los placeres de la vida, espiritualidad, tranquilidad y paz interior, ser fiel al estilo de vida que deseo, respetar mi trabajo y el de los demás, ser fiel a mis principios éticos, mejorar el mundo en el que vivo, compromiso con la transformación social, etc. Podría nombrar otros también importantes, pero los ya citados marcan unas líneas claras de las bases sobre las cuales deseo construir mi vida. Cualquier cosa que entre en contradicción con esos valores ya no tiene un espacio en mi vida porque ya no quiero fingir más ser una persona que no soy. Y esa autenticidad te aporta seguridad que se traslada inevitablemente a tu manera de proyectarte en el  mundo a través de tus acciones y eso las personas que te rodean lo perciben y lo agradecen. Y si no lo agradecen ya no importa.

8La clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo. Puede que muchos no te den una palmadita en la espalda pero te puedo asegurar que poco importará cuando te hayas convertido en una persona sólida y auténtica. El reconocimiento y la aprobación de los demás te reconfortará, te alentará, pero no será un requisito indispensable para seguir adelante. Siempre habrá personas que te amarán por lo que eres, otras que aun no entendiendo tus motivaciones y tu manera de observar el mundo te respetarán y te acompañarán, y otras que te detestarán por los mismos motivos por los que otros te aman. Así que el trabajo a hacer no está tan orientado a transformar lo de fuera, lo que no depende de ti, lo que piensen o sientan los demás, sino en escucharte a ti y comenzar a desprenderte de las máscaras, no otorgar tanto poder a tu personaje, ese que desea ser aprobado y reconocido por los demás, ese que teme tanto quedarse solo o sentirse abandonado, ese que alberga una excesiva dependencia de lo que otros sienten, piensan y expresan acerca de lo que eres o deberías ser para cumplir con sus expectativas. Puede que una vez des el paso para abrirte a lo que realmente eres, cuando comiences a amarte y a respetarte por cómo eres realmente, los demás empiecen a respetarte y amarte también en esa nueva dimensión de libertad y autenticidad. Pero ten por seguro que algunos no lo harán y deberás armarte de valor para seguir caminando con firmeza, sin estar permanentemente pidiendo permiso o justificándote por expresar tu verdad.
9Tú no eres la máscara, el personaje que has creído que eres. El personaje del que hablo vendría a ser aquella falsa personalidad que has ido creando para poder sobrevivir en el grupo, para ser aceptado por la manada, y viene sustentado por valores, creencias, huellas emocionales, juicios, interpretaciones propias y ajenas acerca de lo que eres, de cómo eres, de cómo es el mundo y de todo aquello que ha sucedido en tu vida. No hay que rechazar al personaje, negarlo, luchar contra él, sino ser conscientes de él, de que está ahí, y que muchas veces te lleva inconscientemente a pronunciar palabras y a llevar a cabo acciones que poco tienen que ver con tu esencia. Obsérvalo, abrázalo, te ha acompañado prácticamente durante toda tu vida, así que no te desharás tan fácilmente de él. Conócelo profundamente, entiende sus motivaciones, escúchalo, y desde ese espacio de conciencia y aceptación, ve poco a poco desactivándolo. El personaje se creó para protegerte, te fue útil en un momento de tu vida, pero ahora, ese deseo irreprimible de ser tú mismo te lleva a cuestionarlo, te lleva a querer trascenderlo para ser lo que verdaderamente eres y dejar de vivir enjaulado, atrapado en una falsa identidad que te genera malestar, conflicto interno, desasosiego y angustia.

10Aumentar la tolerancia al vacío. Cuando uno se desprende de su personaje lo que queda es un vacío enorme. Porque ese personaje te otorgaba una identidad, le daba una coherencia y una lógica a tu trayectoria, porque aunque estuvieras lleno de dudas y de malestar te daba seguridad porque era terreno conocido. Y ¿qué pasa entonces? Cuando tu punto de referencia ya no son los cimientos sobre los cuales has edificado tu identidad, cuando se desmorona la historia que te has repetido tantas y tantas veces acerca de lo que eres, cuando te das cuenta de que eres algo que está mucho más allá del disfraz que te has puesto para sentir que pertenecías a un grupo, es entonces cuando debes enfrentarte a lo desconocido. ¿Y qué es lo desconocido? Eres tú mismo, tu esencia, esa voz en tu interior que ha quedado tantas veces acallada por miedo a defraudar, a entrar en conflicto con ‘tu clan’, a sentirse señalado o apartado. Esa voz que alguna vez ha resonado en tu interior pero que no te has atrevido a escuchar y a seguir. Es entonces cuando llegamos al punto crítico y trascendental que va a marcar el resto de tu vida. Un punto en el que nos sentimos extremadamente solos y que plantea un dilema vital. Seguir siendo el personaje, seguir saciando tu necesidad de reconocimiento externo, seguir fingiendo ser alguien que no eres o adentrarte en el malestar que surge del vacío. Ese vacío que en realidad es el campo de todas las posibilidades, porque a partir de ahí, si eres capaz de convivir con ese malestar a corto plazo, a medio y largo plazo te dará acceso a una libertad que jamás has conocido hasta el momento.

11Haz lo que amas, ama lo que haces. Creo que nunca he tenido tantos problemas en mi negocio como cuando me he centrado en objetivos que tenían que ver con mi deseo de reconocimiento, de consecución de un estatus profesional y económico, en lugar de centrarme y volcarme en aportar valor a mis lectores y a mis clientes y en disfrutar profundamente de lo que hago. La abundancia sostenida y bien cimentada no ha llegado a mí a través de la desmesurada ambición, sino desde la generosidad y a partir de extender mi mirada hacia los que me rodean. Si algo he aprendido es que lo que cosechas es en realidad fruto de lo que das y del valor que ofreces a los demás. Por tanto, si lo que recibes está directamente conectado con lo que das, creo que es interesante poner atención en qué damos y la calidad de lo que damos. Después, recibir, será algo natural y fluido. Y tal vez no recibirás de la forma en que tú esperas, puede que la abundancia llegue a ti desde lo material, o en forma de aprecio, cariño y amistad, o en forma de reconocimiento profesional, o de profunda paz mental y autosatisfacción personal. Y ahí entra en juego otra idea interesante para poder recibir plenamente, y es el síndrome de ‘No me lo merezco’ que vive en nuestra mente inconsciente y que sabotea cualquier acceso a la abundancia. Valorarnos, amarnos, reconocernos, sentirnos merecedores de todo lo bueno que nos puede traer la vida, es el primer paso para abrir la puerta a recibir con las manos completamente abiertas todo aquello que la vida, abundante y fértil, nos puede ofrecer.

12Soy mucho más que mis logros profesionales. Existe una especie de obsesión por el éxito comúnmente asociado a una serie de ideas relacionadas con la consecución de un determinado estatus económico y social, con el reconocimiento profesional, con la fama. Es sorprendente cómo ha proliferado la literatura relacionada con todos estos temas y la distorsión y perversión que se ha hecho de conceptos como el éxito. Pero déjame decirte una cosa, el éxito entendido desde esta perspectiva enfocada al logro, a llegar a la cima, está sobrevalorado. Y no voy a caer en la hipocresía de decir que todo ello no me interesa en absoluto. Claro que existe en mí un deseo de ser reconocido por mi trabajo, claro que deseo que todo ello redunde también en una mayor cota de bienestar material para mí y para los míos. Sin embargo debo decir que no es mi motivación principal. Mi obsesión es aportar cada vez mayor valor a mis clientes y a mis lectores, sentir que estoy alineado con mi propósito, que contribuyo de alguna manera a mejorar el mundo. Ese es el mayor logro que podría conseguir.

Sin duda sentir que somos capaces de alcanzar nuestras metas, objetivos y propósitos nos procura una sensación de poder, de capacidad, y es interesante vivirlo, sentirlo y experimentarlo. Claro que sí. Pero llegar a la meta, alcanzar la cima depende de un sinfín de variables que no controlamos directamente, y no llegar a materializar como habíamos imaginado puede llevarnos a la frustración, puede llegar a obsesionarnos y a generarnos una profunda ansiedad en este contexto que solamente valora una pequeña parte del camino.

Hace algunos años me interesaba mucho todo lo relacionado con el ‘éxito’, en qué hacían y qué recursos activaban y desarrollaban las personas que llegaban a la cima. Creía a ciegas ese axioma tan recurrente en tantos y tantos libros de ‘Si yo he llegado, ¿por qué tú no?’. Pero, ¿qué sucede si no llegamos? ¿Cómo gestionamos esa sensación de incapacidad cuando hemos invertido tanto tiempo y tanta energía en conseguir un determinado objetivo? ¿Qué hacemos cuando todo se viene abajo? Ese es ahora un campo de interés mucho mayor para mí, porque es en este contexto donde sí podemos llegar a dominar todas las variables que nos llevan  a clasificar y etiquetar una experiencia como ‘fracaso’ porque tienen que ver con nuestra manera de observar la vida de una manera mucho más directa. Y es en esa dimensión donde no solamente podemos adquirir un aprendizaje mucho más inmediato sino que nos lleva a valorar con mayor intensidad todo el camino recorrido y toda la expansión experimentada durante todo el proceso.

13Hay dos fuerzas muy poderosas, el amor y el miedo. Una te contrae y otra te ayuda a expandirte, aunque quiero puntualizar algunas cosas. He leído muchas veces en algunos libros de Desarrollo Personal la afirmación ‘Ahí donde hay miedo no hay amor y ahí donde hay amor no existe el miedo’. Discrepo profundamente de esta afirmación. Puede que en algunos casos extremos  sea así, pero la realidad es que como seres humanos que somos, estamos conformados por un amplio abanico emocional y que cada color de ese lienzo que son nuestras emociones nos ayuda a dar una respuesta frente a las condiciones de nuestro entorno y a adaptarnos más equilibradamente a nuestras circunstancias. Son en definitiva un mecanismo del cual nos ha dotado la naturaleza para asegurar nuestra supervivencia y por tanto nos corresponde desde la responsabilidad conocerlas y gestionarlas adecuadamente para que jueguen a nuestro favor y no seamos presa de las mismas. Existe el amor y existe el miedo, y son dos fuerzas que viven en nosotros y que siempre estarán ahí, ayudándonos, empujándonos, impulsándonos a la experiencia y al crecimiento. Y hay, por ende, que aprender a utilizarlas.

Negar que en nosotros existe el miedo es cavar nuestro propio hoyo, porque el miedo, aunque sea un compañero a veces desagradable e incómodo nos indica qué aspectos de nosotros podemos y/o debemos mejorar, nos aporta información de lo que es significativo en nuestra vida y de que, en determinadas circunstancias, hay algo importante en juego que merece nuestra atención. Y no solo es indicativo de lo que valoramos y es importante para nosotros, sino que nos advierte de los peligros a los que debemos enfrentarnos. Por tanto, nos activa la prudencia, algo que nos ha permitido protegernos y sobrevivir a tantas y tantas situaciones comprometidas. Por tanto, es interesante aprender a positivizar el miedo como una emoción que no solamente nos contrae sino que acompañada de la fuerza expansiva del amor nos ayuda a crecer.

Creo que el problema y el verdadero conflicto surge cuando existe en nosotros un exceso de miedo y un déficit de amor. Creo que no hay que centrar la atención solamente en mitigar el miedo cuando este está sobredimensionado o no responde a una causa justificada, sino trabajar para que crezca el amor, porque esa fuerza tarde o temprano nos llevará a superar situaciones críticas. Llega un punto en que la fuerza del amor es más grande que el miedo, y ello te impulsa con coraje a traspasar barreras.

¿Y dónde comienza el cultivo del amor? Comienza en y desde nosotros mismos, para después derramarse y extenderse hacia el exterior. ¿Cómo es posible amar y respetar a los demás si no hemos aprendido a amarnos y respetarnos a nosotros mismos? Ese es uno de los mayores aprendizajes que me ha enseñado la experiencia del fracaso. ¿Cómo puedo avanzar si no me reconozco digno de ser, si me juzgo con severidad y me trato con violencia a mí mismo cuando experimento las contrariedades de la vida? Solamente desde la experiencia del fracaso he aprendido a desarrollar el poder de la compasión hacia mí mismo, a aceptar con amor y comprensión mi falibilidad y mi condición humana, para después extender una mirada mucho más amorosa y comprensiva hacia los demás, y trasladar la energía de esa mirada amorosa a todas y cada una de las acciones que emprendo a diario en mi vida, mis relaciones y mi proyecto profesional. Es relativamente fácil ser autocompasivo cuando todo nos viene de cara, pero ¿qué pasa cuando sufrimos un revés? Ese es un momento crucial porque nos advierte de cuánto debemos todavía mejorar la relación que tenemos con nosotros mismos.

14Tenemos derecho a  abandonar. Sí, ya sé que muchos libros te dirán que el que triunfa es el que tiene el valor de dar un paso más, que el que logra el éxito es el que nunca se rinde. ¿Pero muchas veces a qué precio? Plantéate cuando lleguen los momentos críticos si eso que estás haciendo, si ese proyecto que intentas sacar adelante es realmente lo que anhelas en lo más profundo porque tal vez ha llegado el momento de cambiar de dirección, de comenzar de cero, de dejar de desgastarte como lo estás haciendo y dirigir tu atención y energía a otros proyectos. Puede, que después de detenerte a reflexionar te des cuenta de que sí, de que ese es el camino que deseas seguir pero que tal vez, para poder continuar adelante deberás aprender a caminar de otra manera, con otro enfoque distinto. O puede que reconozcas que ahora toca aceptar una derrota, no necesariamente definitiva claro está, pero sí asumir que es el momento de poner un punto y aparte en el camino. Digo esto porque a veces no nos damos permiso para abandonar, para soltar algo que quizás durante mucho tiempo ha dado un sentido a tus pasos pero que tal vez, y solo tal vez, ya se ha concluido un ciclo y hay que abrirse a nuevos proyectos que nos ilusionen mucho más, que nos renueven y nos vuelvan a llenar de vitalidad y entusiasmo. Nos empeñamos en continuar empujando la rueda, agotándonos, desgastándonos, incluso cuando la vida nos está diciendo que ahora, en este momento, la cosa pasa por explorar nuevos derroteros. Lucha por tu proyecto, pon toda la carne en el asador, apuesta fuerte, pero no te aferres en exceso cuando ya, habiendo dado todo y más, se ha llegado a un callejón sin salida donde el miedo a perder lo conseguido, el miedo al qué dirán si ‘fracasas’ y ‘abandonas’, se convierten en un látigo que te obliga a continuar acosta de perder la salud, la serenidad y la poca energía y vitalidad que te quedan. Atrévete a abandonar, date permiso para soltar lastre si eso es lo que en el fondo deseas. Si no es así, tal vez debas retomar el camino pero con una nueva manera de enfocar tu día a día y la orientación de tu proyecto. Hay que tener mucho valor para continuar, para seguir, pero tanto o más para decir ‘hasta aquí’, ‘punto y final’, ‘se acabó’ y seguir adelante.

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