‘Luces, sombras y símbolos’. La memoria de una ciudad

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Hace unos meses tuve el privilegio de participar en un proyecto de Philip Stanton (http://www.philipstanton.com/) aportando una reflexión acerca de la memoria histórica titulada ‘Luces, Sombras y Símbolos’ en relación a su intervención artística ‘Las flores de la paz’ en el Castillo de Montjuïc, símbolo de represión durante el Franquismo y lugar donde se ejecutaron a miles de personas, que se pudo ver del 1 de Abril hasta el 31 de Mayo de este año y que fue apadrinada por el Ayuntamiento de Barcelona. Os dejo el texto a continuación:

LUCES, SOMBRAS Y SÍMBOLOS:

Todas las grandes naciones, todos los grandes pueblos están, en algún momento de su devenir, llamados a revisar con rigor y honestidad el peso de su pasado, de su historia, de las muchas historias que caben en esa misma historia y que configuran una identidad poliédrica y compleja. Solo desde esa observación meticulosa, abierta al matiz y a la amplitud de tal complejidad, dichas naciones y pueblos pueden reconocer con serenidad y dignidad que lo que son, lo que modela su verdadera personalidad, nace de sus múltiples luces, pero también de sus cuantiosas sombras. Solamente desde ese necesario espacio de aceptación y de integración de la totalidad de lo que hemos sido podemos comenzar a edificar una nueva manera de ser y estar en este mundo, un mundo, éste, que debiera ser entonces más justo, más humano, más abierto a la posibilidad. Ciertamente la oscuridad forma parte de la historia de todas las naciones, todas ellas llamadas sin subterfugio al designio de elevarse, con heroicidad, por encima de las circunstancias. Una elevación que debiera permitirnos, con cierta perspectiva y sosiego, reconocernos falibles e imperfectos, pero también resilientes forjadores de nuestro destino.

Existe una suerte de justa dignificación de los pueblos y de las naciones en el tránsito por la memoria, la incómoda memoria, ésa, la que encierra episodios tantas veces trágicos. La memoria es necesaria. Esa memoria serena y conciliadora que nos invita a reconocer una parte viva de lo que hemos sido y que habita todavía en algún rincón de lo que somos. Esa memoria que nos estimula también a no ser esclavos de nuestro pasado, sino arquitectos entusiastas de nuestro futuro, un futuro lleno de fértiles caminos y de renovadas posibilidades. El olvido, la desmemoria tantas veces programada y articulada con minuciosidad por aquellos que pretenden adueñarse de la historia, es ciertamente peligroso, como atestigua el propio curso del acontecer de la humanidad. El olvido nos expone a la cíclica desventura, al escombro de un ser sonámbulo que no se sabe a sí mismo y que, por tanto, está condenado a repetir funestamente los capítulos más sombríos de su relato.

Es de este modo preciso, reconvertir los símbolos siniestros de nuestra historia en espacios de memoria abiertos a la ciudadanía, donde la ruina de lo que antaño fue alegoría de opresión y de terror pueda ser transmutado en insignia de vida, de libertad, de unión y de concordia. Un espacio de todos para todos que sea expresión de diversidad, de respeto, de fecundidad, en el que, sin exclusión, podamos ser enteramente protagonistas, partícipes, artífices de lo por venir.

La intervención artística de Philip Stanton es clarividente y nos indica un camino, nos abre a un nuevo paradigma de oportunidades, de futuro, de redivivo optimismo. En ese contexto, la flor que brota con vigor, desafiando a pesar de todo las inclemencias de nuestra historia, es un icono de paz, de fraternidad, de comunión y encuentro con el otro, pero también un símbolo de vida, de regeneración, de irrevocable belleza renaciendo con inaudito furor primaveral tras el aguerrido invierno. Clarividente, pues, porque nos muestra que toda calamidad, todo dolor, toda herida, toda destrucción encierra en sí misma la posibilidad de renacer también, con pujante vitalidad, a una nueva conciencia, a una nueva creación, a una nueva humanidad.

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Un comentario sobre “‘Luces, sombras y símbolos’. La memoria de una ciudad

  1. Que bella reflexión Dani…
    Me gusta la idea de potenciar la memoria serena, conciliadora, que nos estimule a ser arquitectos de nuestro porvenir.
    Vivimos en un mundo dual, nuestras monedas tienen dos caras y el ser humano no escapa a sus propias luces y sombras, pero es cierto que no tiene ningún sentido regocijarse constantemente en estas sombras,miserias y penurias.
    La vida se vive hacia delante, levantándose de cada tropiezo. La historia nos lo muestra y demuestra, por ello es fácil observar como repetimos etapas desde los comienzos de la humanidad.
    Enfocar la mirada al frente para mi también implica un renacer y transformar, una nueva oportunidad de moldear, modificar, crear qué persona quiero ser, qué sociedad quiero construir,cuál va ser la manera de estar y ser hoy en esta tierra, en este momento existencial.
    Cada pequeño detalle al cual dirija la conciencia es importante.
    El ser humano es una especie que se necesita para sobrevivir, la memoria cumple un papel óptimo cuando nos recuerda cada acontecimiento en que las personas se hermandaron para apoyarse y sostenerse ante las tragedias y el dolor, para levantar desde los escombros nuevas ciudades,imperios, civilizaciones…para ( desde la más absoluta desolación) proyectar amor y esperanza.
    Vamos camino de esa nueva humanidad…(la tribu crece)

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